* La guía perfecta para no entender la vida de un expatriado, pero pueden intentarlo...

martes, 25 de febrero de 2014

Las zapatillas voladoras

Estaba más contento que un niño con zapatos nuevos. Estrenaba, de hecho, zapatillas nuevas. De un tiempo a esta parte, había estado preparando rebosante de ilusión mi tradicional 1/2 maratón de Marzo en Frankfurt:

<1h25': Yes, we can!

Y para ayudar a tal fin, hace unas semanas decidí, pues eso, adquirir unas zapatillas voladoras, super amortiguadas, hiper aerodinámicas, y con doble turbo. ¡Ah! y lo más importante, con los colores de mi querida "Spain, twelve points".

Y todo, ¿para qué?. Para que el fin de semana pasado me enfriara -seguro que ha sido el espíritu de 1907-, y a dos semanas de la carrera haya tenido que parar el entrenamiento.


¡Olé!

Parece que empieza a formar parte de una "murphiana" tradición enfriarme siempre antes de las carreras.

Digamos que, de por sí, mi sangre no suele tener mucho excedente de glóbulos blancos -y no será por el hierro que me meto últimamente entre pecho y espalda en forma de lentejas y legumbres-. Pero, por lo visto, el hecho de haber incrementado la intensidad del entrenamiento estas últimas semanas, junto con vaya usted a saber a qué virus le ha dado ahora por visitar mi querido pueblucho de residencia, han hecho que mis anginas se hayan vuelto reivindicativas.

De verdad, el Murphy de los cullons, ¡¡no me deja en paz!! Se lo debe de pasar bien puteándome complicándome la vida.

Así que, ni zapatillas voladoras, ni plan de entrenamiento, ni hierro, ni proteínas, ni puré de verduras, ni nada de nada... Y eso que incluso llevaba una temporada sin peregrinar ni a San Mojito, ni a Santa Chirimoya -ya les explicaré en otro post-.

Pero ya les digo, el fin de semana pasado mis "Angelines" empezaron a mandarme señales de aviso sobre la presencia de invasores externos "non gratae", y ya llevo cuatro días seguidos tomando té rojo, miel, plátanos, kiwis y alguna que otra pastilla con poderes mágicos anti-inflamatorios; ustedes ya saben.

¡No, si aún daré positivo en la carrera y todo...!

El plan de entrenamiento ha tenido que ser reestructurado completamente, esto es, aplazado hasta señales corporales positivas. Tan pronto éstas ocurran, pues me imagino que habrá que preparar un plan de entrenamiento express -corre, corre que te pillo- y, el día de la carrera confiar en la Virgen de Lourdes, o en la teoría acumulativa de los corredores:

- Llevo entrenando todo el invierno y, digo yo, que de algo se acordarán mis músculos.

Sea como fuere, el 9 de Marzo me planto en la línea de salida de Frankfurt con mis zapatillas voladoras como que me llamo Óscar -españolito perdido en Alemania del Este-. El tiempo que haga al final de la carrera, ni idea. Murphy seguro que me pone una mochila en la espalda; o dos...

Pero, sin saber muy bien de dónde, uno volverá a sacar fuerzas de flaqueza para intentar romper su barrera psicológica: 1h25'.

Me imagino que los primeros 15 kilómetros los correrán las piernas, los siguientes la mente, y los últimos metros habrá que tirar de corazón.

Palabrita de españolito.


2 comentarios:

  1. El contrapunto del Oeste26 de febrero de 2014, 15:36

    ¡ ¡ ¡ Á n i m o ! ! ! Ya se sabe: el hombre propone, Dionisio dispone y Murphy descompone. Y aún con eso yo, que no cuento con Lola de infiltrada, estoy segura de que unirás tu deseado 1.24 al mágico 37. Más que por la magia o por la cabezonería, digoo… constancia, porque esos neumáticos diablo-español (no puedo decantarme por ninguna de las dos facetas, ¡me encantan las dos!) tienen que ir sobrados de poderío para hacerte volar en esos metros finales, los que tengas que tirar de corazón. Casi como si tuvieran tacones :)

    ¡Cuídate! Que maratones hay más que longanizas, pero españolitos perdidos sólo hemos encontrado uno.

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