* La guía perfecta para no entender la vida de un expatriado, pero pueden intentarlo...

sábado, 21 de noviembre de 2015

Prólogo

Agosto 2011.

Cierro la maleta. Me dispongo a abandonar el que ha sido mi hogar durante los últimos ocho años. No quiero mirar hacia atrás..., pero miro.


Observo un piso vacío con las persianas a medio bajar. No quedan muebles, pero el piso está lleno de recuerdos. Mis ojos verde-pardo-marrones empiezan a lubricar y de repente todo se difumina.

A mi alrededor percibo cierto movimiento: risas, fiestas, trabajo, esfuerzo, soledad, compañía, ilusiones... Esbozo una sonrisa de nostalgia, alegría e incertidumbre.

De repente descubro que hay una gotera en el parqué: las cataratas Victoria. - Joder, menudo disgusto que llevo. ¡Si sólo me voy a vivir a Alemania! Venga, tira, déjate de tristezas y "pa'lante", que te queda mucho por vivir. 

Salgo del piso y cierro la puerta. Ese día  cogería un tren solo. Las despedidas de familia, amigos y compañeros de trabajo habían quedado atrás. Ya en el andén del tren, intento que Dora -mi exquisita e infalible neurona- ponga un poquito de orden en este descontrol óculo-lacrimal. No hay manera. Sentado en mi asiento, y oculto tras mis siempre coloridas gafas de sol, observo a través de la ventana del tren como, a toda velocidad, nos alejamos de mi ciudad, de mi familia y de todos mis amigos.
.....

6 semanas después.

Llaman al timbre.

Después de mucho tiempo viviendo en un hotel, estoy a punto de empezar a vivir en la que será mi casa en los próximos años: una preciosa villa de principios de siglo XX, más concretamente de 1907, con techos altos, puertas de madera grabadas, invernadero, cuarto de lavadoras comunitario en el trastero. Ah! y sin garaje cerrado; vamos, para poder disfrutar de lo que viene siendo una tertulia matutina con los vecinos mientras rascas el parabrisas congelado del coche.

- Pues parece que está fresca la mañana... 

Vamos, que todas y cada una de las condiciones inmobiliarias que había puesto antes de partir de mi querida Spain-twelve points, me las fui comiendo una detrás de otra. Si yo lo que quería realmente era algo moderno, acristalado y minimalista. Con el tiempo aprendería a darle gracias a Dioniso por estos alimentos, digo por esta bonita casa que me ofreció.

El timbre.

Venga, a ver cómo le digo yo ahora al de la lavadora que la instale en el trastero. 

Bajo las escaleras y me encuentro al de la lavadora dejando la misma en el umbral de la puerta. Parece que aquí en Alemania te hacen el servicio justito; te dejan la compra en la puerta y ahí te apañes. Pero de repente, cuando todavía no termino de dar crédito a lo que está sucediendo, aparece una persona de baja estatura y bastante corpulencia y se pone a hablar con el repartidor. Al momento los dos juntos están bajando la lavadora al cuarto de lavadoras.

A los cinco minutos tengo todo instalado y el bajito corpulento con una sonrisa en la cara y el dedo lleno de sangre, por culpa de la lavadora, y diciéndome: wilkommen (bienvenido).

Ese fue mi primer contacto con mi vecino: "el König von Oben". Al día siguiente conocería a su mujer, a su hija, a los vecinos de abajo, a los de enfrente, a los de al lado, a los de más al lado; un pasito "pa´lante" María y un pasito "pa'trás"... Vamos, que el día después de la lavadora había conocido ya a la comuna vecinal al completo, la cual se iba a convertir poco a poco, o más bien de sopetón, en co-protagonistas de la nueva y surrealista vida que estaba a punto de comenzar: un españolito perdido en un pueblo de Alemania... del Este.

Capitulo 1: Mi cumple




domingo, 8 de noviembre de 2015

Secreto de tres...

Secreto de uno, secreto seguro. Secreto de dos, encomiéndate a Dios. Secreto de tres, ya no lo es...

Y hoy les quería pedir un favor: que este blog sea siempre nuestro secreto. ¿Les parece? Aunque total, somos cuatro y el de la guitarra... Secreto de cinco, por el... ¡Uy!

Les diré que, tras unos meses muy activos por mi pueblecito de residencia, el fin de semana pasado decidí escaparme de nuevo a mi querida Spain-twelve points y celebrar Halloween en Port-Aventura. No es que me importe mucho Halloween, más bien nada, pero es que las personas con las que iba a pasar el fin de semana siempre consiguen sacarme una carcajada y, como éstas suelen ser muy preciadas, para allá que nos fuimos. Pronombre "nos", porque recuerden que yo siempre viajo con Dora (mi exquisita neurona selectiva), Murphy (mi amigo cabrón) y Lola (la que todo lo ve).

Llegamos al famoso parque temático y nos encontramos una fila de estate quieto y no te menees... Pues nada, nos estamos quietos y no nos meneamos. Menos mal que teníamos la petaca llena de gintonic. Bueno, llena, llena, tampoco, que la chaqueta de la mochila se conoce que también tenía sed y se adelantó.

Nos montamos en la primera atracción: Baco, el Dios del vino que está furioso. 

- ¿Pero qué necesidad hay de esto? 

Reflexiono sobre mi edad, mi vida y sobre la necesidad de estar atado al asiento de un artilugio que, ¡vaya usted a saber quién lo ha controlado! En fin, decido dejarme llevar, pero antes de llegar a ese momento de dejadez llevadera, de repente sufrimos una aceleración de 0 a 100km/h en 3 segundos que nos deja patidifusos. Bueno, al resto no sé, pero a mí casi me da un yuyu. Abandono la atracción acompañado por una nube de mini estrellitas y con el pelo, previamente hacia adelante, ahora hacia atrás.

Decidimos tomarnos una pausa y brindar por Baco, el cabrón, digo el furioso... No llevamos ni treinta minutos en el parque pero, oigan, hay que descansar y tomarse una tapita chamuscada. Al pan, pan y al vino, vino.

Al rato, y tras cierto descontrol periférico, nos montamos en otro de estos emocionantes juguetitos: Sinbala, Shambala o no sé qué de una excursión al Himalaya. Oigan, aquí me dieron cuatro yuyus; uno detrás de otro.

- ¿Pero qué mierda de sujeción es ésta? De verdad, pero ¡¿qué necesidad hay de pasar por esto?!

Parece que hoy vamos a reflexionar mucho sobre lo que es y no es necesario en la vida. No encuentro respuesta. Eso sí, la reflexión me entretiene hasta que llegamos a las alturas del Himalaya, desde cuya cima, de repente caemos en una vertical infinita al antojo de la gravedad.

- ¡La madre del cordero!¡Hostia putaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! 

Así, sin preámbulos ni nada, me puse a escupir frases llenas de contenido. No sé muy bien qué tiene que ver el cordero, su madre y la prostitución en todo esto, pero bueno se conoce que es mi manera de gritarle al mundo: "por favor sáquenme de aquí". Ya en el campamento base sufrí de taquicardias. Me lo auto diagnostiqué con la técnica centenaria de posicionar la mano sobre el pecho.

Pero como no hay dos sin tres..., ni cuatro, ni cinco, ni seis (una de las acompañantes era insaciable a estas emociones extremas), para la "Estampida" que nos fuimos. Ahí noté como una especie de ser extraño, hasta con ideas políticas propias, se apoderaba de mi ser y me hacía gritar sin son, ni ton o viceversa. Yo creo que tanta emoción definitivamente me había hecho perder el Norte; si es que alguna vez ese punto cardinal había existido en mi vida.

No encuentro la manera de transcribir los gritos e improperios que solté, pero se los pueden imaginar. Denle un giro de tuerca más a su imaginación porque creo que no han alcanzado el nivel correcto. Recuerden que estaba poseído. Oigan, y lo bien que me quedé... Abandoné la "Estampida" vacío y sin voz.


En fin, ya ven cuánta emoción. ¿Si había necesidad de ello? Pues sinceramente no, no había ninguna necesidad. Pero las risas que nos echamos lo compensaron todo.

Un fin de semana para el recuerdo, doblados de la risa de principio a fin. Cari se quedaría igual, pero nosotros no. Es por ello que he decidido dejarlo plasmado en nuestro surrealista blog, que a partir de hoy, ya saben, será nuestro secreto.

Porque recuerden: secreto de tres, mmm... ya veremos a ver. 

Tschüsssss.


P.D. En breve les propondré hacer un nostálgico viaje en el tiempo. El origen de todo... ¿Se apuntan?






sábado, 29 de agosto de 2015

Temporada otoño/invierno 2015-2016

La temporada otoño/invierno 2015-2016 viene cargada de color. Cuanto más vivo y llamativo sea el pigmento, pues mejor... Es la mejor manera de resaltar el moreno de piel que seguro que todos ustedes, mis queridos y temporalmente abandonados lectores surrealistas, han acumulado este verano.

En mi caso, así es. Me presenté la semana pasada en el aeropuerto de Frankfurt con un polo rosa chillón y un tono de piel chocolate sin churros que vamos, vamos... Y eso que todos los días vacacionales he tenido cincuenta aguerridos factores protegiendo mi piel. El conjunto lo remataba perfectamente ocultando mis daltónicos ojos verdes detrás de unas gafas de sol espejito espejito mágico: ¿quién es el pasajero más discreto de este avión? -Tú seguro que no.

Ya ven, esta temporada no se van a llevar los tonos neutros, así que a renovar el vestuario se ha dicho. Las voces de todos los expertos de pacotilla coinciden en destacar un color: el amarillo.

¡Mira qué coincidencia! Pues resulta que este verano, mientras disfrutaba de un precioso atardecer bici-corriendo con mi querido "brother" por el parque grande de la ciudad que nos vio nacer, de repente me encontré este mensaje pintado en el suelo: amarillea todo.

No puedo estar más de acuerdo
Lo de este verano, de verdad,  ha sido toda una inyección de energía amarilla. No sé dónde leí el otro día un cartel que me gustó mucho:

Yo no necesito terapia, necesito España.

Sus gentes, su clima, su mar, sus piscinas, su comida, sus calles, sus embarazos, sus risas, su alta costura, sus pulpos, sus melocotones, sus sandías, su clima... "Tili, tilin, tilin, tilin. Sin haber llegado a la cima, has repetido clima". 

La verdad es que cada detalle de lo vivido este verano ha sido una oda a la alegría (escucha hermano). Y aunque es cierto que últimamente he estado un poco desaparecido del blog, les diré que el otro día aterricé en Alemania con mi polo rosa, sí, y con mis tres inseparables compañeros de viaje:

- Dora, mi saturada neurona, que ha ganado unos cuantos kilos y que, tras un período de empacho reflexivo, parece haber recuperado espacio en su disco duro.

- Murphy, el amigo cabrón, que sigue como siempre haciendo de las suyas. Entre otras muchas, este verano le dio por poner una lavadora de color con lejía y, claro, mi polo favorito (amarillo) salió en coma. No fui consciente de ello hasta que el otro día mi querida Teufelcillo me dijo: -pero este polo, ¡¡era mucho más amarillo!!

- Lola, mi bola de cristal particular, que ha recuperado todo su esplendor. Le he pasado un paño y parece que vuelve a mostrar predicciones relucientes y personalizadas. Llamen al 888 54... o dejen sus preguntas en la sección de comentarios.

Ya ven, la temporada de otoño/invierno 2015-2016 viene cargada de color y de cuellos en pico; esto último me lo dijo Federico. Dora, que está inquieta y se ha vuelto poeta.

No, en serio, que me alegro mucho de estar de vuelta y que espero que todos ustedes, mis queridos y dispersos por el mundo entero lectores surrealistas, también se alegren. Al fin y al cabo todos estamos...

Bajo el mismo sol

El arroz de la izquierda no es de habichuelas, es de setas y gambas.







domingo, 19 de julio de 2015

La torre de Babel

Si la torre de Babel la hubieran construido unos niños, otro gallo habría cantado... y a lo mejor hasta se hubieran presentado los niños y el gallo cantando villancicos en las puertas de San Pedro.

Antes de adentrarme en la historia de Babel, una vez más me gustaría pedirles disculpas a todos ustedes, mis queridos lectores surrealistas, por mi tardanza en actualizar el blog. La intensidad y locura de mi vida ha conseguido apagar por unas semanas la chispa escritora. Pero vamos, que con unas cerillas y unas uvas la he conseguido reactivar. La vida, eso sí, sigue igual de loca, loca, loca...

Venga, adentrémonos en Babel, bueno más bien en la antigua Babilonia (en Irak, al ladito de la actual Bagdad). Nos remontamos al mes de Junio del año dos mil quince después de Cristo. Menudo viaje en el tiempo, ¿eh? Joer, cómo me vengo arriba, mejor quedémonos en el pueblucho de siempre, ése perdido en algún lugar de Alemania... del Este y dentro de un rato lo entenderán todo.

En esta ocasión les puedo asegurar que el pueblo/pueblucho/pueblo está especialmente engalanado para la ocasión. Los balcones resplandecen, los jardines florecen y el césped presume de corte de pelo (y mi esfuerzo me ha costado). Sólo falta una alfombra roja. De repente, a lo lejos se aproxima un coche con matrícula española. Noto cierto cosquilleo en las falanges de los dedos del pie. El coche aparca enfrente de mi villa y de él desciende... ¡mi sister! Automáticamente se produce un achuchamiento corporal, mofletes faciales extra estirados incluidos. El achuchamiento se prolonga a mis queridos potrillos salvajes y a mi cuñado que sufren un gélido golpe térmico muy propio del lugar.

Como fiesta de bienvenida, no se lo pierdan, había organizado una típica barbacoa alemana llena de productos de la región: Thüringen Bratwurst (salchichas); Rostbrätel (filete de cerdo marinado) y Hänchen (pollo). Como complemento, miles de ensaladas de lo más variopintas, obra y gracia de los vecinos que, por supuesto, estaban todos invitados.


Sister y cuñado flanqueados por mis queridos abuelillos.
Me dispongo a encender el fuego. No hay manera. Venga echar carboncillos y líquido flameante. Papel, más flameo, más papel... ¡Esto no se enciende!¡Mierda de carboncillos! Al mismo tiempo mi "sister", todo genio y figura, empieza a mostrar una sorprendente timidez motivada por su desconocimiento del idioma de Goethe y de Shakespeare, lo cual desencadena una dependencia fraternal de segundo grado.

- Tú coge una botella de vino, empieza a llenar copas y a brindar con todos. Ya verás como en breve os entendéis todos a las mil maravillas. Le acaricio y le regalo una sonrisa tranquilizadora algo estresada (el fuego no tiraba).

Protegiendo mi retarguardia, mis queridos potrillos empiezan a mostrar las primeras señales de emancipación y parecen estar dispuestas a jugar con las hijas de mis vecinos:

- Tío, ¿les puedes preguntar si puedo jugar con ellas? 
- Claro, pero tú ponte a jugar con ellas y ya está.
- ¿Y cómo juego? Entre no brasas y no brasas pregunto a las hijas de mis vecinos:
- ¿A qué estáis jugando?
- A "lieb oder böse". Tienen que elegir si ser "lieb" (bueno) o "böse" (malo).

Una de mis sobrinas, con su preciosa cara de "lieb" decide ser "böse" sin tener ni idea, claro está, de lo que está diciendo. Al momento se ponen a correr unos detrás de otros y todos tan contentos. Recupero mi atención en las no brasas. Mi cuñado me ayuda en esta infructuosa tarea abanicando los carboncillos con un cartón. Tras muchos intentos fallidos llega mi querida "Königin von oben" (la vecina de arriba) y, secador de pelo en mano, da el impulso definitivo: ¡habemus brasas!

La barbacoa fue técnicamente un éxito. Mi carnicería favorita de la calle del pueblo tiene un producto exquisito y la verdad es que todo el mundo quedó contento y saciado, pero sinceramente lo que más me sorprendió fue ver a un grupo de niños y niñas -potrillos salvajes incluidos- corriendo, cantando y jugando por el jardín. Lo flipé en casi todos los colores y no sé si fue el vino o el qué, pero me los imaginé a todos construyendo la torre de Babel.

Al momento me desperté de mis imaginaciones. Algún vecino requería de mi traducción para poder avanzar en su conversación. Ahí seguían todos regalándose buenas intenciones para conseguir comunicarse. Dos mundos totalmente distintos -y el idioma es lo de menos- sentados alrededor de un mismo fuego.

No salgo de mi asombro. Mi familia ha desembarcado en el famoso pueblo perdido en Alemania... del Este.

Soy feliz.


Mis queridos potrillos trotando por la pradera.



lunes, 22 de junio de 2015

Rennsteig Staffellauf III

Nos despeñamos por el monte cual cabras montesas esquivando piedras y ramas de árboles sin ton ni son. Si la subida ha sido tremenda, la bajada no desmerece. Benjamin -mi ciclista acompañante- me mira desde la distancia entre atento y alucinado. -Éste se la pega.

En la distancia -allá por Alicante- observo unos cuantos corredores y me propongo alcanzarlos. Adelanto a unos cuantos de ellos. De repente, una rama decide ponerse en el camino del colega que va a mi lado y lo manda de bruces al suelo. Vuelvo, le ayudo a levantarse y le pregunto si puede seguir. Parece que no. Se resiente de la mano y se queda esperando a su ciclista de acompañamiento. Su sueño truncado por una rama.

Retomo mi bajada por Despeñaperros al son de ton. Esto es un descontrol total y absoluto. Mis seis sentidos -soy medio anfibio y multi sentidos- los pongo a disposición de mi instinto de supervivencia. Algo me dice -¿no será la caída que acabo de observar?- que es importante llegar a Alicante.

De repente llegamos a un terreno algo menos abrupto e intento programar mi velocidad crucero de 1/2 maratón (4min/km). Pero no, la tranquilidad dura menos que el tiempo de programación y, venga, otra vez ¡para arriba! Y para abajo... -¡Madre mía! ¡Pues sí que me había estudiado yo bien el perfil de la etapa!

Pero bueno, pese al despeñadero y sus cabras, parece que me encuentro bien y sigo trotando cual gacelilla salvaje a buen ritmo. La evolución de la especie. La cabra montesa que deja paso a la gacelilla. Miro hacia arriba: -¡Anda! ¡Alguien ha desencapotado el cielo! Miro el reloj. -¡Vamos justos, pero bien!

Benjamin me desvela la llegada de la quinta y última subida: -¡Ánimo! El colega es parco en palabras, pero decisivo e influyente. Consigo programar, esta vez sí, la velocidad de crucero. ¡A disfrutar se ha dicho ! El "Thüringer Wald" (el bosque de esta región) es sencillamente espectacular, pero el esfuerzo acumulado en Despeñaperros empieza a pasar factura y, por si el ruido de mi respiración no es suficientemente elocuente, le exteriorizo mi cansancio a Benjamin:

- Ich kann nicht mehr (no puedo más). 

- Ich habe nichts gehört, los! (no he oído nada, ¡venga!).

Nada, que no me puedo quejar. Un poco de avituallamiento y acelero. Vuelvo a mirar el reloj.

-Anda, deja ya de mirar tanto el reloj y acelera. Joer, si no he hecho otra cosa en toda la etapa que acelerar. 

Y cuando parece que la meta nunca va a llegar, Benjamin me pregunta si puedo seguir solo. Le miro a los ojos y sólo puedo decir: -Ja. Danke. Esprinta y desaparece. 

De repente oigo el clamor de la gente. La reacción química en mi piel es instantánea. No sé de dónde saco las fuerzas pero estoy esprintando. La cantidad de veces que habré corrido solo por este bosque en mis casi cuatro años de expatriación y nunca lo había disfrutado tanto. 

Aunque todavía no sé muy bien cómo, consigo pasarle la pulsera con el chip y la piedra al último relevista, que sale disparado. Entre temblor y temblor de piernas, empiezan a llegar el resto de componentes del equipo y me abrazan. -So ein tolles Gefühl (me siento genial)

Rennsteig Staffellauf: una experiencia que, de verdad, nunca olvidaré.

¡Anda, que no da de sí este pueblecillo de Alemania... del Este! 

Hasta la próxima aventura.


P.D. La piedra llegó al río Werra. La persona que la lanzó, lo hizo con tanta energía y con una sonrisa  tan sincera y contagiosa, que no tuve ninguna duda sobre la consecución de los deseos. Durante el vuelo de subida de la piedra pedí un deseo y durante el vuelo de bajada... lo repetí, por si acaso. La piedra entro en el río y esbocé una sonrisa. Nos habíamos ganado todos una buena cerveza y una "Thüringen Bratwurst". 







domingo, 21 de junio de 2015

Rennsteig Staffellauf II

Tremendo. Tremendo el recuerdo. Tremenda la dificultad de la carrera. Tremendo el ambiente en el bosque. Tremendas las sensaciones vividas...

Ahí estoy dando botes esperando a que llegue la relevista de mi equipo. Llevamos todo el día dando vueltas de etapa en etapa, animando a todos los relevistas, y por fin ha llegado mi turno. Me dispongo a correr la penúltima etapa de la "Rennsteig Staffellauf". A las 6am comenzaba la carrera y son casi las 18h. Tengo el perfil sinuoso de mi etapa (19km) grabado en la cabeza. Me preparo mentalmente para afrontar unas cuantas y pronunciadas cuestas.

- Ni lo pienses. Siempre pa'lante como los de Alicante...

Entre bote y bote de espera, noto algo de nerviosismo. El resto del equipo anima. Tremendo. Nos hemos conocido hace dos días gracias a esta carrera y parece que nos conozcamos de toda la vida.


El cielo está encapotado. ¿Quién lo desencapotará? El desencapotador que lo desencapote, buen desencapotador será. Son mis últimas reflexiones.

De repente llega el ciclista de acompañamiento y a lo lejos la relevista de mi equipo. Mi corazón se acelera. Qué ganas de ponerme a correr. Nos abrazamos. Ella rota de cansancio y yo ansioso por despegar.

Salgo disparado. Me coloco con mucho cuidado la pulsera con el chip de control y la piedra del deseo dentro. Siento la responsabilidad y la ilusión de todo el equipo en esa piedra. La tradición dice que hay que llevar la piedra desde el inicio de la carrera hasta la meta y lanzarla al río Werra. Yo estoy ansioso por colaborar en legendaria tradición y quiero hacer mi etapa lo más rápido posible.

No llevo ni 300m y empezamos a subir. Observo que algunos corredores sucumben ante lo pronunciado de la subida y andan. Yo sigo trotando y sin mirar a mi alrededor. -Que no decaiga, que acabamos de empezar. Después de 1km subiendo y ante la verticalidad de la subida, no puedo seguir corriendo...

- Joer, ¡mucho peor de lo que pensaba! Venga, por lo menos andando a zancadas grandes...

Cuando vislumbro el final de la subida retomo el trote y, cuando ya pensaba que había pasado lo peor, me topo con ¡unas escaleras!

- ¿Pero esto qué es? ¿Unas escalera hacia el cielo? Menudo inicio de etapa... 

Al final de las escaleras, mis vecinos -los culpables de este embolado- animan incesantes. Mis piernas protestan y mis pulmones hiperventilan a grandes bocanadas.

- Links, Oscar!!! (hacia la izquierda). Parece que yo quería seguir recto hacia el cielo...
- Joer, no llevo ni 1,5km corriendo (escalando) y ya casi me pierdo. 

Tremendo el esfuerzo. La subida es tan pronunciada que los ciclistas de acompañamiento tienen que rodearla y se encuentran con nosotros cuando empezamos la bajada.

- Venga va, ya ha pasado lo peor. ¡A tope! Por mi equipo y... por todos los españolitos perdidos en cualquier parte del mundo. 

Mis pulmones recuperan relativamente rápido -soy medio anfibio- y me dispongo a recuperar el tiempo perdido después de esta tremenda subida. Aparece mi ciclista de acompañamiento: Benjamin. Un chaval encantador y super profesional que me da la tranquilidad necesaria para no perderme en el bosque.

Esbozo un tenue: -Benjamin! Me alegro tanto de verle...

Continuará...


domingo, 14 de junio de 2015

Rennsteig Staffellauf I

Andaba yo desayunando tranquilamente en mi balcón, ya saben, una de las siete maravillas del pueblo, cuando de repente oigo:

- Guten Morgen Oscar!
- Ya estamos... Pero si estaba comiendo yo en plan silencio absoluto para intentar pasar desapercibido.

Los vecinos de enfrente que me pedían que me asomara al balcón. Es el único "aber" (pero) que tiene el balcón maravilloso, y es que no puede ser más indiscreto. En su momento, hasta llegué a pensar en la idea de plantar una yedra para que creciera y mejorara mi privacidad. Al final me dejé de yedras e historias, que uno es muy malo cuidando plantas, acepté el grado de indiscreción del balcón y ya está. Y, tal fue el grado de aceptación, que hasta aprendí a dormir siestas en el sofá del balcón con impudorosa exposición torso-corporal.

Total, que me asomo al balcón y ahí estaban unos vecinos en el jardín pidiéndome que descolgara mi pelo dorado, para que pudieran subir y hablar conmigo. Joer, como se me va la olla... Rebobinemos. Me asomo al balcón y ahí estaban unos vecinos en el jardín preguntándome que si quería correr con ellos la "Rennsteig Staffellauf".

Así de primeras no entendí muy bien el qué me preguntaban.

- ¿Que si quiero correr el qué?
- Renn-steig Staffel-lauf ! Lo dijeron así un poco más despacio y pronunciado.
- Ach sooo... Mis queridos lectores surrealistas ya conocen esta expresión.

Parece que la "Rennsteig Staffellauf" es la carrera de relevos más famosa de Alemania. Así de segundas -de primeras fue lo del no entendimiento- dije que NO.

- Nein! es que ese fin de semana vienen justo mi hermana y mis sobrinas... Mi hermana and family llegan realmente unos días después de la carrera, así que estaba mintiendo vilmente. Sinceramente no me apetecía nada ponerme a entrenar y correr con desconocidos y fue lo primero que se me ocurrió para justificar mi negativa. Pero estos vecinos son realmente encantadores, insistieron y a la tercera dije que sí. Soy de un facilón...

- OK, ja, ich laufe mit. -Venga, va, que corro con vosotros.


He aquí mi dorsal.
Y he aquí el "Rennsteig": camino forestal del famoso-en-el-mundo-entero Thüringer Wald.

Pues lo dicho, la "Rennsteig Staffellauf" es una carrera de relevos de 170km que transcurre desde la frontera de la República Checa hasta un extra-mini pueblo cercano a mi/nuestro querido pueblo de Alemania... del Este. La carrera está dividida en diez etapas y 250 equipos x 10 corredores/equipo luchan por la gloria. Las inscripciones son online y por lo visto la carrera es tan popular que las plazas se agotan en treinta minutos. Se dice, se cuenta, que todo el mundo -bueno, toda Alemania- se sienta delante de su ordenador el día D, y cuando comienza la inscripción, ahí están todos como locos dándole al botón para conseguir apuntar a su equipo. Una odisea.

Mis vecinos lo consiguieron a principio de año con la técnica de Fuenteovejuna: padre, madre e hija en distintos ordenadores y en paralelo. Y, ya ven, encima que me ofrecen correr uno de los diez relevos de su equipo, voy yo y les digo que "nein". Seré desaborido...

Menos mal que Rapunzel reflexionó y finalmente dio el "sí, quiero" desde el balcón.

Les diré que ya he conocido a todo mi equipo de relevistas. Todos muy alemanes y majos. A mí me toca hacer la penúltima etapa (19km) con un perfil de lo más interesante, por detrás y por delante. Vamos, que llevo unas semanas entrenando de nuevo a tope para dejar el pabellón español bien alto.

La cita será el próximo sábado 20Junio. Me imagino que lo mejor será el final de fiesta con tres mil personas reunidas en la meta en ese extra-mini pueblo, donde seguro que no faltarán "Thüringen Bratwurst" y mucha cerveza.Ya les contaré...

¡Deséenme mucha suerte!


P.D. Me acabo de dar cuenta que el extra-mini pueblo ése, es el mismo extra-mini pueblo donde mis queridos abuelillos tienen el camping. Si es que este blog tiene todos los capítulos enlazados.



domingo, 7 de junio de 2015

40 tacos

No. A este españolito zumbado aún le quedan unos cuantos quinquenios para cumplir cuarenta años. Bueno, quien dice quinquenios, puede también que quiera decir trimestres. Ustedes ya saben... Pero a lo que iba, que uno de mis innumerables vecinos acaba de cumplir cuarenta tacos y esta semana, cómo no, ha habido una junta extraordinaria vecinal amenizada por Dioniso.

El vecino cuarentón en cuestión es un elemento muy particular. Digamos que no pertenece al núcleo más cercano de personas que he conocido durante mi longeva expatriación en este pueblo de..., este pueblo. Pero como por aquí todos los vecinos son muy fuenteovejunescos -viva Córdoba-, pues hale, en su jardín que nos congregamos todos para celebrar el aniversario del dicho "suso". Esta vez sí, quien dice todos, quiere decir todos: trece vecinos + el grupo de amigos del anfitrión.

Lo primero que te encuentras cuando llegas a su villa -a diez pasos de distancia de la mía- es el coche, el barco y la caravana aparcados en la calle. La impudorosa exhibición de bienes es de lo más graciosa, aunque me imagino que a los que no puedan aparcar en la calle no les hará tanta  gracia. Nos adentramos en su jardín y nos encontramos con dos carpas blancas, así muy de boda española, al lado de la piscina. Yo creo que es de los muy pocos habitantes de éste, mi/nuestro queridísimo pueblo de Alemania...del Este, con piscina en el jardín. Y digo yo, para dos semanas que el Astro rey se digna a calentarnos la piel por estos lares, ¿para qué te gastas el dinero en una piscina?

- La piscina está climatizada y dispone de un chorro contra corriente para poder nadar.

- Ach sooo... (es el ahhh de toda la vida, con cara de tonto y en alemán).

Pululando a nuestro alrededor un bicho automático da vueltas por el césped.

- Es el robot corta césped automático.

- Ach sooo... (la misma cara). -Pues no me vendría nada mal uno de esos.


En fin, cada uno hace con su dinero lo que quiere, ¿no? Total, que ahí estaba yo soltando "ach sooo...'s`" a diestro y siniestro, cuando de repente me viene alguien y me da un abrazo efusivo. Los participantes con derecho a voto en la junta, que estaban empezando a llegar. Les reconoceré que algunos de mis abrazos, no todos, también están envueltos de efusividad.

- Hallo, hallo, wie geht's? super, gut, ah.... ja! alles klar. Wow...

Los principios de las conversaciones suelen ser así, muy onomatopéyicos y un poco inconexos. Conforme avanza la fiesta, la conexión de las conversaciones mejora y el uso de onomatopeyas disminuye, hasta que llegas a un punto en el cual... te tiras a la piscina. No, que es broma. Aguanté en secano como un jabato. Pero el anfitrión y la anfitriona sí acabaron en remojo.

Y en el fondo lo entiendo. Su fiesta/barbacoa estaba siendo un auténtico éxito y me imagino que la felicidad de ver a toda su gente plus el hecho de cumplir cuarenta años produjo en su organismo una reacción química irreversible y mira, le dio por ahí. De repente embrazó a su amada, y así, sin más, delante de todos los invitados la arrojó inmisericorde a la piscina. Los vecinos fuenteovejunescos y justicieros lo tiraron a continuación a él. En ese momento me saqué el móvil del bolsillo y por si acaso lo dejé en la mesa. No hubo ese acaso.


El vino y la cerveza siguió fluyendo como si no hubiera un mañana, que lo hubo, y una guitarra en directo amenizó espontáneamente la velada. Al final todo acabó muy bien y cada vecino desandó sus diez pasos para volver a sus respectivos hogares. Una velada muy agradable.

Los novios fueron felices y comieron "Thüringen Bratwurst".

Ya ven, queridos lectores surrealistas, uno se adapta a todo y a todos. Les adelanto que en breve participaré en el acontecimiento deportivo de la región. De verdad, me meto en cada embolado...

Ya les contaré...

Hasta entonces les mando un abrazo efusivo.




sábado, 23 de mayo de 2015

Y Erasmus se perdió en el pueblo

Después de la tempestad siempre llega la calma y si no llega, pues a navegar se ha dicho.

Resulta que hace dos semanas perdí mi móvil personal y, aunque al principio me llevé un cabreo y disgusto descomunal, a día de hoy soy feliz viviendo exclusivamente con el móvil del trabajo. Digamos que me he quitado una dependencia de mi vida. Las drogas son malas. Pero, ¿saben cuál es mi teoría para superar las penas? Se la confesaré. Siempre hay alguna que otra excepción, pero en general funciona... Aquí va la teoría:

"Si algo te atormenta actualmente, no te preocupes porque en breve sucederá algo nuevo que te atormentará todavía más o por lo menos te hará olvidar la tormenta anterior".

¿Cómo se han quedado? Eso sí, de cada tormenta intenten sacar siempre alguna lección aprendida, para que por lo menos las tormentas sean distintas y no se encuentren siempre debajo de la misma nube. Imagínense ahí con un paraguas, sin moverse, debajo de la misma nube. No es plan, ¿no?

En fin, que esta semana no les quería hablar de móviles, ni de nubes -mira que me gusta hacer trascendental lo intrascendente-, sino de Erasmus de Rotterdam y de su visita al pueblo. Sí, unos amigos del alma y del corazón de mi inolvidable año Erasmus llegaron el fin de semana pasado a este pueblo y vivimos uno de esos fines de semana que quedan guardados por una buena temporada en el disco duro de Dora.

Primera pareja: ella de Finlandia -mi queridísima vecina de residencia estudiantil- y él inglés de pura cepa con ramificaciones indias. Ambos dos, residentes en Bruselas.

Segunda pareja: ella de Bilbao y él de Logroño. Ambos dos, de buena crianza riojana y residentes en Munich.

El re-encuentro tuvo lugar en mi jardín. Ahí estábamos todos echándonos unas buenas risas rememorando todo lo vivido desde que Erasmus de Rotterdam nos uniera allá por el año 1997. ¡Qué fuerte! ¡Cómo pasa el tiempo! 18 años a nuestras espaldas y a nuestras caras y sin que apenas se note... (Si tienen una opinión distinta al respecto, se la guarden).

Ante la alegría de la visita, el comité organizador preparó un pack completo para turista perdido en el pueblucho éste de Alemania... del Este:

- Champagne de bienvenida en el jardín de mi villa de principios del siglo XX; la villa, no el champagne.

-  Barbacoa maridada con un espectacular vino de la tierra de la pareja número 2. En la velada no faltó la típica bronca de los vecinos desagradables, por estar hablando  en el jardín pasadas las diez de la noche. -"Ich werde gleich die Polizei anrufen...!!" Oigan, que hasta consiguió que nos callásemos por unos segundos. Nos dio así como un susto escuchar gritos en alemán por detrás del seto. Al rato seguimos hablando y riendo como si nada y la policía nunca llegó.

- Desayuno en la terraza de mi hogar al calor del sol. Esta es una de las siete maravillas del pueblo. Todos apretujados cual caracoles buscando el mejor rayo de sol uo o o (lo canten), con el zumito de naranja natural y la tostada de Nutella en la boca. A estos desayunos se suelen unir a distancia los vecinos agradables, que saludan sin ningún tipo de pudor desde sus hogares. Viva la privacidad. "Atención, atención. Hay cuatro elementos no identificados en casa del españolito..."

- Paseo matutino por el bosque, con bronca incluida de un abuelo amargado de la vida, por haber osado a poner mi pie en el canto de un banco. -"¡¡¡No te das cuenta que alguien se puede sentar después!!! ¡¡¡Extranjero!!! Al desearle que pasara un buen día, me pilló el acento de españolito. Yo alucinaba. Bueno, realmente no. Más que alucinación, es un sentimiento de pena. Ya son muchos años por estos lares y les tengo muy pillado el punto. Tengo otra teoría para esta amargura:

"Hay personas que se colocan voluntariamente debajo de una nube y necesitan compartirla". 

Pues nada, que les vaya bien...

Thüringen Wald (el bosque) lleno de Trolls y mosquitos.

- Excursión al castillo del pueblo (Wartburg), donde nos juntamos con todos los turistas del inserso de Alemania. Nunca había visto el castillo tan repleto de gente. Ya saben ustedes que Luthero tuvo que esconderse en este castillo por su atrevimiento de traducir y reinterpretar la Biblia a su libre albedrío. Pues que sepan que este mismo, Luthero, se inspiró en la obra de Erasmus de Rotterdam; sí, el causante de la unión actual de tantos y tantos estudiantes europeos. Perdón, nos hemos ido -bueno realmente me he ido yo solito- por los cerros de Úbeda. Volvamos...

Preciosa vista panorámica del pueblo, pueblito, pueblo, pueblo de mi corazón. Al fondo, el castillo Wartburg.

- Arroz negro con pescado congelado del río Hörsel - o vaya usted a saber de dónde traen el pescado a esta pueblo- y latas de calamares en su tinta de "Spain-twelve points". La elaboración del arroz es muy fácil, rápida y divertente y queda espectacular. Te chupas los dedos y te los vuelves a chupar.


¿Ven la chola o zapatilla de casa debajo de la silla?

- Remate de fiesta con un espectacular y elaborado mojito de fresas en el hotel de lujo del pueblo donde, pese al absentismo de los últimos meses, siguen haciéndome sentir como en casa cada vez que aparezco. Unos saludos y una efusividad al entrar... Ya saben ustedes, mis queridos lectores surrealistas, que me encantan las sonrisas anónimas gratuitas, pero ante la falta de ellas, me alegro y mucho con cualquier otro tipo de sonrisa.

Y de repente un tren se aleja a toda velocidad. En el andén de la estación, un españolito ondea la mano al viento. Los besos se difuminan en el aire.... El tren desaparece. No hay nubes en el cielo.



jueves, 14 de mayo de 2015

Ischgl 2015

A ver quién es el valiente que se lanza a pronunciar el título del post de esta semana. Digo de esta semana pero, ya sé, ya sé -y pido disculpas por ello- que llevo un largo tiempo sin actualizar el blog.

A lo que iba. Al título. Es algo escaso de vocales, sí, pero les aseguro que se puede pronunciar. En el intento, procuren no esputar mucho sobre sus pantallas; las pobres no tienen las culpa. Pagaría por verles en este momento.

Bueno, bueno, como me disperso... Como en los mejores tiempos, dos párrafos para no haberles contado todavía nada. Venga, vayamos al meollo del asunto.

Ischgl es una de las mejores estaciones de esquí de los Alpes austríacos, donde año tras año se reúnen la flor y la nata montada de toda Europa. Y claro, como al círculo íntimo de este españolito le gusta mucho montar nata -¡eh!-, pues para allí que nos fuimos un año más. Si hace dos años decidíamos estar en la apertura de la temporada de Ischgl, este año preferimos disfrutar de la clausura.

Ya ven, esquiando en el mes de Mayo cuando por el pueblo ya estamos en plena temporada de cortar el césped del jardín. Por cierto, me toca cortarlo mañana (¡joder!).

La estación de Ischgl en sí misma es espectacular: interminables pistas de esquí que te deslizan de Austria a Suiza y viceversa (no sabes muy bien por dónde vas, pero vas); remontes ultramodernos con asientos amortiguados, calefactados y a resguardo de cualquier contratiempo climatológico; infinidad de restaurantes para todos los paladares y bolsillos; pero sobre todo hay algo muy característico del lugar...

Y es que Ischgl es una fiesta continua.

Yo creo que los abuelos octogenarios autóctonos del lugar, en lugar de salir a pasear a la fresca, salen a bailar y a pimplarse bien de cervezas y licores de pera (Willy). Aunque si les soy sincero, ahora que lo pienso, no me ha parecido ver a muchos abuelillos/as pululando por el lugar... Seguiré investigando.

De verdad, lo de este lugar es para hacérselo mirar. El pueblo es precioso, como de cuento, así todo él muy austríaco y alpino. Pero, de verdad, lo de la fiesta permanente, tanto en el pueblo como en las pistas, es un poco excesivo.

Nosotros andamos-bailamos detrás de la cámara
El bazar de esquís

Total, que ahí que nos plantamos los cuatro fantásticos: Teufelcillo y su cartulina (ella fue la culpable de reservar el apartamento con un embarazo de antelación); Don Pedro (el capitán del barco); el gran tío Gilito (selfie aquí y selfie allá); y este loco españolito con la cabeza a punto de ebullición...

Por pasar, nos pasó de todo durante todo el fin de semana, pero destacaré un hecho singular.

La primera noche cuando nos disponíamos a cenar en un restaurante del lugar, lo típico que íbamos hablando en español y a todo pulmón con el Gran Tío Gilito y Teufelcillo, y resultó que los de la mesa de al lado también eran españoles. ¡Anda! ¡qué casualidad!

Era un grupo de la estación de Formigal que venían a hacer un benchmarking en toda regla. Vamos, a copiar ideas de Ischgl para llevárselas a Formigal. Entre ellos, una cara conocida: el DJ Carlos Jean. Y claro, a mi querido Gran Tío Gilito le faltó tiempo para empezar a hablar con ellos y hacernos fotos con Carlos Jean.

Sinceramente, me encantó ver a gente española emprendedora queriendo aprender y mejorar. Bajo mi inexacto y daltónico punto de vista, sólo así se puede mejorar en la vida: conociendo mundo, abriendo la mente, y empapándose de experiencias y de vivencias con otras personas.

Les dejo el video de promoción de Formigal que han hecho este año junto con Carlos Jean. Les confensaré que cuando me lo enseñaron se me puso la piel de ganso, el vello de punta o las cejas escarpadas.  De repente, me vinieron a la cabeza (ésa en estado de ebullición) muchísimos recuerdos.

LIFETIME

Total, que nos despedimos y al día siguiente nos volvimos a encontrar en el concierto de clausura "on top of the mountains". Ahí estábamos todos, españoles por el mundo, algo pimplados de cerveza, dándolo todo en el corazón de Los Alpes. El grupo amenizador del evento: "30 seconds to Mars".

Todo muy surrealista. Al final de la fiesta, cada uno por su camino y Dioniso por el de todos...

Un fin de semana para el recuerdo. Y como la ebullición no es muy beneficiosa para la memoria, aquí lo dejo registrado en el blog, que por cierto sale publicado de manera inusual un jueves, porque por aquí estamos de fiesta. Hoy es el día de los hombres, del padre, vamos el día en el que Jesús se fue al cielo con su padre. ¿Ascensión?

Sea como fuere, el hecho es que estoy tumbado en mi cama a punto de darle al botón de publicar, porque aunque haya pasado un tiempo desde mi último post, me acuerdo mucho de todos ustedes, mis queridos lectores surrealistas.

Les mando un beso, un abrazo o un apretón de mano. Que cada uno elija lo que más le apetezca.

¡Suerte Formigal! Si Lola quiere, nos veremos en el 2016...


P.D. Acabo de darme cuenta que tenemos una nueva trilogía. Aunque mi cara no lo note, cómo pasa el tiempo:

Ischgl 2013
Ischgl 2014
Ischgl 2015

domingo, 12 de abril de 2015

La copa de vino medio llena

Después de tanto ir y venir -un pasito p'alante y otro p'atrás- les puedo asegurar que llevo seis días seguidos, y sin protestar, en el pueblecillo ése de algún lugar de Alemania... del Este.

Y, ¿saben qué? ¡¡El invierno ya se ha ido!! (Bien de negrita y exclamación).

Los pajaritos hacen coros matutinos de acompañamiento al perro tenor del vecino. Ya tenemos luz natural vespertina, o viceversa, luz vespertina natural. Qué natural y vespertina es la luz... Ya he apagado los radiadores en mi 1/3 de villa. Les parecerá una tontería, pero les puedo asegurar que todo esto ayuda considerablemente a mantener en equilibrio la copa de vino medio llena.

Mi aventura americana contribuyó, y mucho, a empezar a llenarla. Y mi espontáneo paso Santo el fin de semana pasado por la ciudad que me vio nacer, digamos que remató la faena y de paso rellenó mi lorza marciana.

Pero como todo lo bueno es temporal -la historia así lo atestigua-, llegó el momento de regresar a la realidad. Toca seguir descubriendo el pueblo un poquito más, aunque tampoco es que vaya a poner mucho esfuerzo en ello...

Por aquí todo sigue igual. Como si no pasara el tiempo. Los viandantes siguen concentrados en sus ombligos. El vecino te saluda y te dice que por fin se ha ido el invierno. -Pues sí, ¡a Dioniso gracias! La hija de mis queridos "Königen von Oben" (los vecinos de arriba) juega en el jardín todas las tardes y, llegue a la hora que llegue del trabajo, me sale a recibir y a darme un abrazo. A continuación me voy a correr. Disfruto de mi música española mientras galopo, rollo integración teutona total. Algunas personas por la calle me saludan. Devuelvo los saludos consciente o inconscientemente, eso sí, siempre con una sonrisa. Ya saben que me encantan las sonrisas anónimas gratuitas. Al llegar a casa recibo un whataspp. Te he visto corriendo. Me he cruzado contigo con el coche y no me has visto. 

- Vaya... Parece que no siempre saludo. Pedazo de miope.

En fin, que para celebrar el final del invierno y la tan esperada llegada de la primavera, hoy vamos a hacer nuestra primera barbacoa en la jardín. Lo cual me recuerda que en breve tendremos que empezar con la laboriosa y obligada tarea vecinal de cortar el césped.

Uy, perdón, que de repente se me ha vaciado un poquito la copa. 

- ¡Qué bien! El césped está vivo y vuelve a crecer... y encima verde. Fenomenal. 

La comuna vecinal al completo ha sido convocada a las cuatro de la tarde. Ahí, en mitad de la siesta. Pero bueno, me imagino que haremos un esfuerzo Darwin de adaptación al medio, por ello de no dar la nota y alimentar su manual de tópicos. Españolito: fiesta, siesta y ¡olé!

Todos los vecinos han confirmado asistencia, vamos que la barbacoa siesta interruptora va a ser una multitudinaria orgía de carne y vino en plan que se pare el pueblo (un poco más todavía).

Ya ven, todo vuelve a la normalidad. Ya les iré poniendo al día de lo que acontezca; ustedes bien saben que esto es un hervidero de acontecimientos. Un momento, que llaman a la puerta...

En fin, que me voy a preparar para la barbacoa, vamos que me voy a echar una siesta prematura. 

Me despido deseándoles a todos ustedes, queridos lectores surrealistas, muchos fines de semana llenos de barbacoas primaverales y copas de vino medio llenas... aunque a veces tengan que hacer algún que otro equilibrio. Y si el vino es bueno, mejor que mejor.

¡Viva el sol y la piel morena! ¡Viva!


Río Hörsel: es como ir corriendo por el canal imperial de Aragón. Igualito.
Esta mañana no he podido evitar hacer esta foto a los abuelillos paseando.


miércoles, 1 de abril de 2015

La aventura americana: are you serious? Oh my God!

Y después de tanta frivolidad y anécdota de chichinabo (chicha + nabo), les contaré toda la verdad sobre mi aventura americana:

Me enamoré de las playas de Venice y Santa Mónica: de sus amaneceres y puestas de sol; de la arena, el oceáno; los surfistas; los patinadores, ciclistas, corredores; los vendedores ambulantes; las gafas multicolores; sus palmeras; los graffitis. Su CARPE DIEM.


Venice beach
Santa Mónica

Me enamoré del gran Cañón: su majestuosidad; su imponente atardecer; sus miles de fotografías; sus excursiones bajo el sol; sus sombras; sus cactus; sus serpientes de cascabel que gracias a Dioniso no tuvimos el placer de conocer; el temblar de miedo al borde del precipicio; el río Colorado que abre la Tierra a su paso. Un milagro de la naturaleza.

Grand Canyon
Me enamoré de sus gentes: de las sonrisas anónimas gratuitas; de las conversaciones inesperadas de autobús; "hi there, how are you doing?"; de su calidez; de su graciosa artificialidad; de su "hay vida más allá de mi ombligo". Are you serious? Oh my God!

Me enamoré de Ana Ivanovic. Bueno, éste sólo fue un amor adolescente pasajero de un día...

La cuestión es que llegué a los United States of America vacío y bastante falto de energía positiva. La vuelta a mi querido pueblo de Alemania... del Este ha sido, tampoco les voy a decir ahora que un éxtasis de felicidad, porque tampoco es eso -para que se hagan una idea en estos momentos está nevando-, pero desde luego la experiencia me ha hecho volver a ver el vaso medio lleno; como siempre lo había visto y como siempre lo tuve que ver.

Mil gracias a mi amigo 1/4 centenario y a toda la gente que he conocido durante este viaje. Su amabilidad y cercanía me hicieron sentir desde el momento que aterricé medio dormido, o dormido entero, en esa terminal de Phoenix, como un actor más de otro mundo; su mundo.

Ya saben ustedes que Dora -mi infalible neurona selectiva- tiende a ser muy exquisita, y no vean qué mal le sienta el cumplir años, pero desde luego que nunca olvidará esta aventura americana. Una aventura a 10000 km de distancia de un pueblecillo de Alemania...del Este.

Y a ustedes, mis queridos lectores surrealistas, que espero que hayan disfrutado de esta saga tan especial. Si de alguna manera he conseguido llegar a su ombligo, aunque sólo haya sido con una sonrisa, me doy por satisfecho...

Are you serious? Yes, I am. Oh My God!



martes, 31 de marzo de 2015

La aventura americana: resacón en Las Vegas



Termino de hacer el check-out. Me dispongo a abandonar el monumental hotel de las Vegas donde me he hospedado. Dora sigue embriagada de lujo, artificialidad y desfase. Con mi "look" de turista español residente en un pueblo de Alemania... del Este pero reintegrado temporalmente en el calor de la costa Oeste americana, paseo mi maletita, tralará, tralarita, mientras cruzo el casino dirección al parking.

- No puedes irte de Las Vegas sin haber jugado algo en el casino. Noto al demonio rojo sobre mi hombro derecho animándome a probar suerte.

- Déjate de tonterías. Avanza sin parar y sal cuanto antes de este lugar ludópata y vicioso. El demonio blanco en el otro hombro me conmina a hacer todo lo contrario. ¡No mires las mesas! 

Se pueden imaginar ustedes quién ganó la batalla de hombros.

Tras mucho analizar y observar la situación, decido decantarme por una mesa de ruleta que está vacía, en un intento infructuoso por pasar desapercibido. El demonio rojo salta de felicidad. 

Han sido treinta y cinco fichas, a 1$ la respuesta acertada, digo la ficha, hacen un total de 35$.

Sin presentaciones ni nada empiezo a distribuir fichas sobre la mesa en plan novato avanzado. No me sé las normas de la ruleta pero vamos, yo distribuyo las fichas con mucho arte y decisión. Tanta, que hasta me entran ganas de redistribuirlas cuando la bolita ya está rodando. La mirada fulminante del croupier me hace desistir del intento. Desaparecen las fichas de la mesa.

- Pero, ¿qué número ha salido? No me he enterado de nada. En fin... volvamos a intentarlo y por favor presta un poquito más de atención.

De repente aparece en escena el típico guaperas americano con su espectacular novia rubia, copa en mano ambos dos -son las 12 del mediodía- y se sientan en mi misma mesa.

- Joder, si yo lo que quería es jugar solo y pasar desapercibido.

El colega hace una montañita de fichas en el color rojo y me pide "please brother" que ponga una en el número 5, que casualmente está en mi extremo de la mesa. Observo que sus fichas son de ¡100$! A esto se le llama: restregar.

- ¡Seré pobre! Bueno, tú a lo tuyo... A seguir demostrando tu veteranía en el juego.

Sale un número rojo y el americano guay se lleva premio. Su novia emite un gritito de alegría. -Wow! Great! 

- ¡Será pija! Recibo también alguna ficha de premio pero no tengo ni idea porqué, ni si he recibido la cantidad correcta. -Ah, pues muy bien. Lo que se dice tener la situación controlada.

En la siguiente jugada -a la tercera va la vencida- decido copiar al guaperas y apostar por un color: rojo o negro. Adivinen la probabilidad de victoria. De repente me suelta el croupier:

- Nou, nou, nou... para poder jugar a color, la jugada tiene que ser a partir de 50$. 

Si quería pasar desapercibido y no quedar como novato, desde luego no voy por el buen camino.

- Ah! OK, no problem! Saco un billete de 50$ -de sobrado por la vida- y recibo dos fichas gemelas. -Yo que quería hacer una montañita... Tal cual me las da, las coloco en el color negro. El guaperas americano me copia la jugada; ha debido de percibir el aura de la diosa Fortuna sobre mis propiedades. Cómo no, él sí que hace una montañita... Observo el rectángulo negro con mi mini casita y anexo un rascacielos todo poderoso. La ley del más fuerte.

Se pone la bolita a rodar y realmente no me da tiempo ni de rezar a Dioniso, ni de visualizar, ni de nada... A lo que me quiero dar cuenta, la bolita se ha posado  de nuevo sobre un número rojo.

- ¡Mierda en inglés! Literal. 

Me levanto. Me pongo la mochila en la espalda y, así como quien no quiere la cosa, desaparezco. El demonio blanco se descojona regocija abiertamente.

Una cosa me ha quedado clara, creo. El guaperas y su novia no eran actores, ¿no?

Ya ven, resacón en Las Vegas: 85$ en 5 minutos.  

P.D. Minutos después recibiría el whatsapp de una buena amiga diciéndome que lo apostara todo al rojo.





domingo, 29 de marzo de 2015

La aventura americana: la casa reciclable

Arriba... Abajo... Arriba... Abajo... Arriba... Abajo...

Oigan, así durante treinta minutos atravesando el desierto a cielo abierto en mitad de la noche, en lo que parecía una recta interminable. Parece que las carreteras en los vastos desiertos americanos las hacen intencionadamente con ese perfil sinuoso para evitar que la gente corra en exceso.

Viniendo del país de las autopistas de velocidad ilimitada, imagínense el aburrimiento que me supuso conducir a 65mph (100km/h) con esa especie de acunado constante. Morfeo tiene más peligro que Murphy.

Llegamos a la casa. Un perro -una especie de Pitbull- nos da la bienvenida a lametazos.

-¡No me lo puedo creer! ¡¡Que alguien me aparte este perro!!

- No te preocupes. No hace nada. Beckham es muy bueno. 

Ahí estaban los dueños -ex-bombero y ex-cheerleader americana- esperándonos con una sonrisa en la cara. Lo de cheerleader es fruto de mi imaginación, pero es que por lo que sea me imaginé a la mujer en sus años mozos siendo la típica chica guapa del high school.

Tras quince minutos de discurso de bienvenida sobre el perro y el futbolista, entramos en la casa. Indescriptible. Pero para describírnosla ya teníamos a la cheerleader. Pasen y lean.

Decoración minimalista
Que si la casa estaba hecha completamente con materiales reciclables. Que si aprendió mucho sobre la construcción de este tipo de casas por intenet. Que si les llevó no sé cuánto tiempo construirla. Mi concentración empezaba ya a difuminarse... (jet lag).

Me apoyo sobre la mesa. No me tengo en pie. Me restriego los párpados. Lo de restregarse los párpados es como para aliviar un poco el peso de los mismos e intentar que no se cierren a su libre albedrío. Por el rabillo de mis ojos verdes-pardo-marrones vislumbro un colchón en el suelo, listo para ser apropiado.

- Ni se te ocurra sentarte sobre él porque te quedas dormido "ipso facto" delante de todo el mundo.

La cheerleader sigue con su chapa reciclada.

- A ésta le han dado un "cum laude" por la universidad de Google en construcción de casas reciclables.

Mientras sigue hablando animosamente -empiezo a no escuchar lo que dice- me quito la mochila de la espalda en señal de "por favor, vaya terminando el discurso porque tenemos que dormir".

No capta el mensaje de la mochila. Me vuelvo a apoyar sobre la mesa desesperado. Estiro brazos y antebrazos. De vez en cuando suelto algún inconexo "aha" "yeah" confirmativo de lo que sea que esté contando. Ni idea si pegan o no, sólo intento no parecer muy descortés. A veces se me escapan a destiempo. La cheerleader me mira con cara de... "por favor no me interrumpas". Mi amigo y los amigos de mi amigo -que también son mis amigos- empiezan a percatarse de que me están perdiendo en los brazos de Morfeo.

De repente me parece oir un "ok guys, have a good night".

-¿¡Ha terminado la descripción de la casa!? ¡Yeah! ¡Aleluya!

Respiro esperanzado. Maletas, pijama, cepillado de dientes y... cuando todo parecía volver a la normalidad, entra Beckham.

- Sit!, digo... out! Get out! 

Lo sacamos por la puerta del salón y de repente se lía la de Dios. Un segundo perro -tipo Dogo Argentino- se encontraba en la piscina y la pelea fue de cuidado. Gritos de "guau, guau, noooo, Beckham, stop!!!" atraviesan las paredes recicladas de nuestra casa. Yo alucino.

Al rato vuelve la cheerleader en un medio llanto, disculpándose por el espéctaculo cánino y por no habernos avisado que los perros no se podían mezclar. Les juro que yo alucinada. Ahí estaba yo en pijama sentado en la mesa con un trozo de piña en la boca pensando:

- Pero si ni siquiera sabíamos que hubiera un segundo perro. 

Pues oigan, que la cheerleader nos contó la historia de los perros. Yo la miraba ojiplático con el mismo trozo de piña en la boca. Que si habían adoptado los perros; no dos, sino tres perros. Beckham, Marc y no me acuerdo. Que si habían sido maltratados y entre ellos no se podían ni ver. Que de verdad lo sentía en el alma por no habernos avisado y por habernos hecho sentir culpables de tal refriega canina.

- Tranquila, yo no me siento culpable de nada. Yo sólo quiero dormir. Me tragué el trozo de piña y me metí directamente en la cama con mi foto de Conchita.

Ahí estábamos los cuatro en la casa reciclable de un ex-bombero y una ex-cheerleader, en mitad del desierto, rodeados de perros adoptados.

- ¿Por aquí no habrá escorpiones o serpientes, verdad? Zzzzzzzz.....

Continuará...


Amanecer en Venice beach


sábado, 28 de marzo de 2015

La aventura americana: un sueño

- Hola Conchita. ¿Me puedo hacer una foto contigo?

- Sí, claro. 

Flipo en colores (menos en verde y marrón). Estoy al lado -la foto posterior delataría que realmente la estoy apretujando del cuello como si se fuera a escapar- de la gran Conchita Martínez.

Uno ha tenido muy pocos ídolos en la infancia, más bien ninguno, pero reconozco que desde muy pequeño me enganché a la carrera tenística de Conchita Martínez: ejemplo de clase, trabajo y discreción.

Uy, la emoción me ha hecho empezar por el final, pero si les parece rebobinemos y comencemos por el principio. Nos adentramos en el espectacular centro tenístico de Indian Wells.

Pista central.
- ¡Good morning! Mi estado vacacional de felicidad me hace saludar a diestro y siniestro. ¡Good morning! La gente contesta con una sonrisa en la cara. Lo flipo en mi escala particular de colores. Y es que ya hace tiempo perdí la costumbre de recibir sonrisas anónimas de regalo.

- ¿Te has puesto crema protectora solar?

- No, no, gracias, que mi cuerpo está muy necesitado de sol y necesito el roce directo con el Astro Rey. Días después, mis labios y mi piel me recordarían semejante atrevimiento. Y es que no se olviden que hemos pasado de -5ºC a +35ºC.

Echamos a correr como si nos faltara tiempo. Qué nervios. No sabemos a qué pista ir. Todas las estrellas del firmamento tenístico se dan cita en Indian Wells y se encuentran en estos momentos jugando a nuestra vera, verita, vera... vera, vera de mi corazón.

No, si mi hermana tenía razón: 38 años, pero entre lo bien conservados de piel que estamos y la actitud chiquilla corredora que mostramos, parecemos adolescentes.

Llegamos a las pistas de entrenamiento. Así como si nada, se pone a entrenar a nuestro lado un serbio: Novak Djokovic. A su lado una suiza: Martina Hingis. Más allá observamos la típica excitación nipona, ordenada y respetuosa. Llegamos a la conclusión -agudeza visual- sobre la inminente presencia de Kei Nishikori. Más al fondo, excitación descontrolada de las de verdad (tampoco se vayan a pasar ustedes ahora de imaginación): una esbelta María Sharapova entrena en la pista más inaccesible rodeada de seguridad.

No damos abasto. -Y los españoles, ¿dónde juegan? Nos descargamos en el móvil la aplicación del torneo, la cual se convertirá a partir de ese momento y durante los próximos dos días en nuestra verdadera guía espiritual : -en las pistas 3, 4, 6 y 7.

- Joer, ¿por dónde empezamos? Venga, por la 3. David Ferrer lucha hasta la extenuación por su victoria. No somos los únicos españoles en la grada. ¡Olé el arte español! En la pista 7, Feliciano López saca su partido in extremis. Al término del mismo decide enseñar abdominales -ya que voy al gimnasio me luzco- y las chicas se lanzan en un intento desesperado e infructuoso por regalarle sus huellas dactilares. -Touch him!!

Volvemos a las pistas de entrenamiento. La decoración amarilla y roja de la grada anuncia la inminente llegada de un Tsunami: Rafa Nadal entra en la pista. La emoción se desborda entre el numerosísimo público presente. Gigantes pelotas de tenis amarillas reflejan la ilusión de cientos y cientos de niños por conseguir una firma de su ídolo. El colega -vamos Rafa- entrena como si nada. Eso sí, cuando termina de sudar la camiseta se acerca a la valla y satisface la excitación general.

Sonrío aliviado por los niños y reflexiono sobre lo buena persona que parece ser y profesional al mismo tiempo. Me imagino que es muy consciente de que una buena parte de su sueldo se basa en mantener viva la ilusión de los aficionados, que al fin y al cabo son los que atraen a todos sus sponsors. Aunque claro, le resulta imposible contentar a todos ellos.

Entre tantas pelotas, una gorra en un extremo de la valla llama mi atención. Un niño estrujado estira el brazo, gorra en mano, mientras observa que Nadal se va en la dirección contraria. El niño no pierde la esperanza y aguanta con el brazo estirado hasta el momento en el que Nadal desaparece de la pista. El niño baja la cabeza. Me entran ganas de bajar y firmarle la gorra yo mismo. -¡Vamos Rafa hombre, fírmale la gorra al niño! No me oye...

¿Ven al niño de la gorra? Me lo como...

La orgía tenística continúa.

Ana Ivanovic, un bellezón serbio ex-número 1 mundial, hace estiramientos ante el regocijo de todos sus fans.

- Ana, good luck. Le mando mis buenos deseos como si la conociera de toda la vida. Me mira, me sonríe y me devuelve un: - Thanks. Me entran ganas de darle mi número de teléfono. -Yo creo que ha habido "feeling". Percibo que mis niveles de adolescencia siguen muy altos.

Avanzamos. El futuro del tenis femenino español (Carla Suarez y Garbiñe Muguruza) se dan cita en la pista 9. Nos sentamos en primera fila. Es lo que tiene estar rodeado de estrellas. Todo el mundo va a ver a los más famosos y podemos disfrutar de un buen partido de tenis a pie de pista.

De repente mi amigo me dice:

- Óscar, gira la cabeza y mira quién está sentada cinco asientos a tu derecha.

Mi corazón -de normal muy bajo de pulsaciones- empieza a palpitar generosamente. No me lo puedo creer. Reflexionamos sobre la técnica de ataque. Qué técnica ni qué ocho cuartos. Cuál fan enloquecido - bueno, manteniendo la compostura- me levanto, me acerco y de manera muy espontánea le digo:

- Hola Conchita. ¿Me puedo hacer una foto contigo?

- Sí, claro. 

Un sueño hecho realidad. Ya ven, una simple foto. Los dos adolescentes ya entrados en años y henchidos de felicidad desaparecieron de escena entre tropezones y móvil que casi se cae al suelo, regalándole a la fotografiada palabras superlativas llenas de buenos deseos.

- Oye, ¿realmente existe la palabra placerazo?


De izquierda a derecha y de arriba a abajo:
Conchita Martínez (y mi mano); Ana Ivanovic; Kei Nishikori; Martina Hingis

Menudo día para el recuerdo. Si algo podía salir mal, desde luego no iba a suceder ese día.

Al final del mismo, la borrachera tenística, el sol y el "jet lag" (8h de diferencia) empezaron a pasar factura. Había que encontrar urgentemente la casa en el desierto donde íbamos a pasar la noche.

Continuará...




viernes, 27 de marzo de 2015

La aventura americana: de -5ºC a +35ºC

Usted ha sido seleccionado para un control especial.

- Joer, pues sí que empezamos bien las vacaciones. 

Parece que mi "look" de españolito expatriado ha levantado sospechas en el aeropuerto de Frankfurt y me invitan a lo que parece va a ser un elaborado control de pasajeros. Menos mal que voy con tiempo.

- Por favor, me acompañe.

Un tembleque interior me hace pensar que después de tanto tiempo esperando estas vacaciones, al final me voy a quedar a las puertas del avión. Me revisan todo lo revisable y pese a mi resfriado elocuente -llevo el body intoxicado de analgésicos- me dejan pasar el control y montar en el avión.

- Buff...

Me aposento en mi asiento y, en señal de agradecimiento, le ofrezco mi body a Morfeo. Tras muchas horas de vuelo, visualizado de películas, estiramientos de extremidades y catas de vino varias, aterrizamos en los United States of America.

- Y usted ¿para qué viene a U.S.A? 

- Pues para visitar a un amigo; para ver un torneo de tenis; de holidays; ¿de verdad tengo que contarle todos los detalles de mi aventura americana?

- Y ¿a qué torneo dice que va?

- A Indian Wells. No, si ahora se pensará que soy tenista; iba a estar yo viviendo en un pueblo perdido en Alemania... del Este.

Parece que la controladora de aduana -algo excedida de McDonalds- decide aprobarme el examen, pero no sin antes tomarme una foto de mi blanco cutis invernal y guardarse de recuerdo mis diez huellas dactilares (las del pie no fueron necesarias).

Me dispongo a tomar el segundo avión dirección a Phoenix: lugar de residencia de mi buen amigo de la infancia. Según mi querida sister, ambos dos -amigo de la infancia y españolito expatriado- nos conservamos exactamente igual que hace veinticinco años. Ya saben ustedes, la alimentación y las cremas.

Aterrizamos en Phoenix. No hay manera de desprenderme de los brazos de Morfeo; parece que éste se ha tomado en serio lo de la ofrenda. Me levanto el párpado derecho con el dedo y observo que todo el mundo está abandonando el avión. Al rato me doy cuenta que yo también tengo que abandonarlo. Las ocho horas de diferencia entre Phoenix y mi pueblo me están pasando factura. No sé cómo, pero al final consigo abandonar el avión. ¿Las azafatas?

Ya en la terminal, observo al 50% -párpados alicaídos- que todo el mundo a mi alrededor viste ropa de verano con zapatillas de correr. En Europa las zapatillas de correr son para correr, pero en U.S.A. empiezo a sospechar que las zapatillas de correr sirven para todo. Derroche de agudeza visual en versión párpados vagos.

Yo también llevo las zapatillas de correr, pero en la maleta. El resto de capas de ropa sobre mi cuerpo Serrano terminan de delatar mi procedencia europea. De -5ºC a +35ºC.  La gente me mira de reojo y de ojo frontal. ¡Éste no es de la zona!

- Pues no... ¡Haber estado vosotros en mi pueblo 15h antes, corredores veraniegos de pacotilla!

Me concentro en la cinta transportadora de maletas.

- Mejor no te sientes sobre ella, porque acabas dando vueltas con las maletas.

De repente oigo mi nombre. Me giro y veo a mi amigo. Alucino. Nos abrazamos. Ha desaparecido el efecto de la gravedad sobre mis párpados. Aparece la maleta y, absortos en nuestra conversación, abandonamos esa terminal llena de pacotillas veraniegos.

Me quito una capa de ropa y sonrío. Me quito una segunda capa de ropa y pienso... Estoy a 10000km de distancia del pueblo.

¡Que comience la aventura! 


Mi compañero de aventura americana.



domingo, 1 de marzo de 2015

3 cafés

Despierto en la cochera, conclusión ésta que ha requerido un cierto tiempo de reflexión.

En casa de mis queridos Teufelcillo y Pedro (T&P) siempre se celebra una fiesta a las cinco de la madrugada en honor de sus hijos. Super-E se despierta y no hay quien lo pare. Su hermana, la reina Sophi-A le acompaña y se monta la jarana.

Yo, que pernocto siempre en la cochera -o suite 105- la verdad es que no me suelo enterar de mucho, pero al final siempre me despierta alguna voz y, cuando por fin me ubico en el mapa, esbozo una sonrisa y pienso:

- Qué agradable despertar.

Son las siete de la mañana. Subo las escaleras y me encuentro en la cocina a Pedro preparando el primer biberón matutino para Super-E. Su cara lo dice todo, pero no protesta. Es su rutina. Mientras termina la fiesta matutina, decido ir a comprar café y pan a la panadería del final de la calle.

Hace un frío que pela. Abrigo, guantes y gorro.

Llego a la panadería y pido 3 cafés, 3 croissants y 6 panecillos. Me voy tan contento, con los cafés encajados en una especie de huevera y pensando en el frío que hace. A lo que estoy a mitad de camino, deseando llegar a la puerta de la casa de T&P, me doy cuenta de que voy sin guantes. Se han quedado en el mostrador de la panadería.

- Vaya, hay que volver.

Vuelvo. Hallo. Hallo. Que me he dejado los guantes. Sonrisa de "estoy todavía un poco dormido". Los cojo y emprendo el camino de vuelta ensimismado de nuevo en mis pensamientos:

- ¡Qué frío de mierda! 

Yo creo que fue tener ese pensamiento tan negativo terminado en mierda, o bueno, a lo mejor el simple hecho de intentar ponerme un guante en una mano, haciendo equilibrios con la huevera de los cafés en la otra y la bolsa de los panecillos y croissants colgando del dedo meñique, lo que hizo que me llegara un castigo del cielo y me volcara la bandeja de los cafés.

- Achh, neeeee!! (Onomatopeya espontánea que me suele salir después de tanto tiempo en Alemania),

Los tres cafés a tomar viento fresco -fresco de verdad- y mi mano y mi guante a medio poner, llenos de café.

Hale, de nuevo camino de vuelta. Me cruzo con un viandante que también venía de la panadería y me sonríe como diciendo.

- Pues sí que te lo estás pasando tú bien a las 7 de la mañana.

Entro en la panadería. Hallo. Hallo. Que se me han caído los cafés. Sonrisa de "por favor no haga comentarios y ponga de nuevo 3 cafés".

Ya se podía haber apiadado de mí la encargada y haberme regalado los tres cafés, pero no. Estamos en Alemania.

A la tercera fue la vencida y llegué al hogar con mis 3 cafés. La fiesta de disfraces matutina -ojeras, pijamas y pies descalzos- ya se había traslado de la zona de dormitorios a la zona del salón y cocina. Super-E juega con mi maleta ante la atenta mirada de Pedro. La reina Sophi-A va disfrazada de sevillana. Teufelcillo exprime naranjas y yo llego chorreando café...

¡Que viva el alboroto!

Les confesaré que la cochera y todo lo que ella representa se convirtió hace ya un tiempo en uno de los pilares de mi surrealista expatriación. Teufelcillo y Pedro entraron en mi vida, o yo en la de ellos, o viceversa, hace ya más de tres años. Todo comenzó con un loco fin de semana en Los Alpes, al cual yo nunca quise asistir, y ya ven, tres años después, aquí estamos.

Sin pedir explicaciones. Estando, aún sin estar. Escuchando y compartiendo. Disfrutando.

Ya ven...

3 años, 3 amigos, 3 cafés.



Espectacular atardecer en uno de mis múltiples viajes a Frankfurt; de camino a la cochera...



sábado, 28 de febrero de 2015

50 sombras de...

Ave María Purísima. Pecando todos los días.

Sí, les confieso que el otro día -San Valentín- fui a ver la premiere de "50 shades of Grey". ¿Cómo se han quedado? De "Stein", ¿verdad? Pues palabrita del niño Jesús que ahí estuve codeándome -del verbo codear pero en reflexivo- con todas las parejitas alemanas.

Así por adelantado les diré que paso de Valentín, de su proceso de santificación, del bestseller mundial de Grey y de todos sus juguetitos sádicos. Toda esta parafernalia se aleja, y mucho, de mi cotidianidad "puebluna". Pero bueno, tenía un cita apalabrada con una buena amiga de Erfurt y, pese al trancazo que empezaba de nuevo a florecer en mi body, mantuve mi palabra cinematográfica y nos dejamos ver por la alfombra roja.

Antes de adentrarnos en el maravilloso mundo de Grace, digo de Grey, decidimos ir a cenar algo al restaurante italiano de la esquina. Muy auténtico éste.

Entramos. Todo lleno de parejitas alemanas y corazones en las mesas. Nos ofrecen una copa de Lambrusco y, oigan, tan ricamente... A los cinco minutos nos sientan en una mesa y nos pedimos otra copa de Lambrusco; ya saben, la teoría de no mezclar. Era un poquito Don Simón pero y ¡qué más da!

Llega la camarera, muy robusta, tatuada y alemana ella:

- Guten Abend
- Bonasera (uno es políglota improvisado).
- Was wollen Sie? (¿que desean los señores?).
- Ya estamos. Echando años de más. ¿Qué nos recomiendas? (ahora voy yo y te tuteo).
- Alles (todo)
- ¿Y algo en particular? 
- ¡Spaguetti mit Knoblauch! (Espaguetis con ajo)

Casi me parto. ¡Venga! Ración doble de ajo para todos el día de San Valentín. Pues, oigan, que me pedí los espaguetis con ajo y resultaron estar exquisitos. Además como tenía al "body" de nuevo en huelga -resfriado anti pueblo-, se supone que el ajo debería ayudar a las defensas, ¿no?

En fin, llegamos al cine. A la española. Tarde y hablando con un altavoz en la boca. El volumen de una conversación en español o en alemán dista un abismo; no se hacen ustedes a la idea.

Y como en Alemania se puede entrar al cine con lo que quieras, decidimos entrar con el altavoz en la boca y con un gintonic en la mano (esta vez nos pasamos por el forro de la chaqueta la teoría de no mezclar).

- ¡Zwei Gintonics, bitte! A lo que se me acerca un camarero espigado de melena rubia con las extremidades superiores tatuadas y la cara multi-mini-perforada.
- Primero voy a atender a las señoritas de su izquierda y luego le atenderé a usted. Vamos, que me espere. (...) Al rato vuelve.
- ¿Qué desean los señores?
- ¡¡Zwei Gintonics, bitte!! (observen que hay un palito más de exclamación)
- OK (aquí en lugar de "marchando" dicen OK).

Se da la vuelta, empuja con la mano el tacón de la suela de su zapato -parece que la llevaba suelta- y se dispone a elaborar nuestro pedido.

El colega no percibe -o si lo percibe no le importa mucho- que hay más gente esperando y se recrea en la elaboración del gintonic como si no hubiera un mañana. Si ya les digo yo que otra cosa no, pero la ejecución alemana es muy buena (obviemos el momento suela del zapato).  1 +1 = 2 y si en la receta pone 50ml de ginebra, yo mido que en la copa no caiga ni un ml más de ginebra. Eso sí, como la receta no me dice cuántos hielitos, optimizo y pongo los justos.

Universal:

 ¡Anastasia! ¡Christian!

La película, ni fu, ni fa, ni chicha, ni limoná, pero ¡vaya, vaya, con las sombritas de Grace, digo de Grey!

El poder de la mente.

En fin, me voy al gym que parece que el "body" se está empezando a reconciliar con el mundo. ¿Habrá sido el ajo?

¡Que pasen buen fin de semana!