* La guía perfecta para no entender la vida de un expatriado, pero pueden intentarlo...

domingo, 1 de junio de 2014

La "mala hostia"

Esta semana he estado pululando de nuevo por mi querida Spain-twelve points. Sí, el mundo al revés. Ahora me toca hacer viajes de trabajo a mi lugar de procedencia.

Ya saben ustedes, mis queridos lectores surrealistas, que los reencuentros -ya hemos vivido unos cuantos- siempre son muy intensos. Pero les diré que en esta ocasión la intensidad no estuvo sola, sino que vino acompañada de una "mala hostia" que no vean.

De vez en cuando -más de cuando que de vez- uno entra en una espiral negativa de desánimo, vamos, de "mala hostia" originada por acontecimientos profesionales y/o personales varios. Qué les voy a contar yo que ustedes no sepan. Todos tenemos nuestros altibajos, ¿no?

En mi caso particular, cuando percibo que la "mala hostia" llega, suelo hacer una posición de yoga de autocontrol; esto es, le digo a Dora -mi neurona- que se deje de tonterías. El problema es que Dora va por libre y a veces se pasa de borde.

Así que de esta guisa aterrizaba hace una semana en mi querida Spain-twelve points. Debo reconocerles que los índices de "mala hostia" empezaron a disminuir desde el momento en el que vi en la estación del AVE a mis queridos potrillos salvajes junto con la madre que las parió. Mi mejor medicina.

El viaje no lo hacía solo y la primera parte del mismo estuve acompañado de unos cuantos compañeros del trabajo alemanes. Como estos últimos no tenían culpa alguna de mi estado anímico, decidí ser majo y ejercer de anfitrión. Para algo estábamos en mi ciudad de procedencia.

Ya les he explicado alguna vez sobre la particularidad de mis conciudadanos del pueblo, ¿verdad? Pues esa percepción se acrecentó el otro día estando de tapas con ellos. El estilo es tan distinto...

Esos collares. Esas sandalias con calcetines. Esas camisas estampadas de manga corta sólo combinables con las sandalias anteriores. Pero en los disparidad está la belleza, ¿no? Bueno, esta última frase la tengo que trabajar un poquito más para terminar de asimilarla.

Total, que pese al estrés del trabajo y la "mala hostia" inicial, al final de la semana había conseguido cargar las pilas de energía plus plus entre familia, amigos, tapas, sol y esta vez incluso sevillanas... ¡Cómo me gusta el arte y la alegría española! ¡Ah! y dos descubrimientos nuevos: el pulpo a la gallega en "La pulpería del Coso" (no me acuerdo del nombre) y la brocheta de solomillo de vieira y gambas en "El Bula". Sencillamente espectacular.

Las sevillanas y la "mala hostia" son incompatibles.
Paseo matutino revitalizante.

Ya de regreso en Alemania, cuando me disponía a subir al tren destino a mi querido pueblecillo de residencia, veo que a la chica de al lado se le cae la maleta. Me dispongo a ayudarla -faltaría más- y en perfecto español le digo:

-¿Todo bien?

Últimamente Dora se lía mucho con la elección del idioma según cuándo, dónde y con quién. Pues oigan que la chica era una española ex-trabajadora de Bankia que, harta de los escándalos de su empresa, hace seis meses había decidido ponerse a buscar trabajo y lo había encontrado en Frankfurt, en el corazón financiero de Europa: el Banco Central Europeo.

La chica empezaba a trabajar el lunes y estaba recién llegada a Alemania con dos maletas y una sonrisa nerviosa cargada de ilusión. El resto, me dijo, ya me lo traeré con el tiempo. Me encantó su historia. Nos intercambiamos el número de móvil y le deseé mucha suerte.

Ya ven, españolitos perdidos por el mundo y cada uno con su historia particular.

La mía ya saben que más que particular es surrealista y sólo tuve que llegar a mi tercio de villa para recordarlo. Once de la noche. Noche fresca. El cielo azul oscuro y plagado de estrellas. Me dispongo a aparcar en mi plaza de parking y constato que un coche extraño la ocupa. Alzo la vista y veo que el jardín está lleno de vecinos y desconocidos varios, sentados todos ellos alrededor de un fuego, música a tope y copa de vino en la mano.

- ¡¡ Fenomenal !!

Uno estaba recibiendo la llamada de la cama y la "mala hostia" intentó de nuevo apoderarse de mi ser, pero no lo permití. Dejé la maleta en la puerta y me senté con todos a degustar una copa de vino...

Bienvenido a casa.


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